Un criterio editorial sencillo: describir con precisión qué es cada cuaderno, plantilla o guía, para qué sirve y a quién puede ayudar, sin adornos ni promesas que no podamos sostener.
No hay una fecha fundacional ni un plan maestro. Hay una serie de decisiones editoriales tomadas una detrás de otra, cada una con su propio motivo. Esto es lo que ha pasado hasta ahora.
2019
Empezamos con tres hojas sueltas de planificación semanal que se fotocopiaban y se repartían entre conocidos. No había catálogo, ni fichas, ni descripciones: solo un formato que funcionaba y que la gente pedía repetir.
2021
Al crecer el número de recursos, decidimos que cada uno llevaría una ficha con formato, nivel de dificultad, tiempo estimado de uso y perfil destinatario. Fue el cambio más importante: describir sin adornar y dejar claro para quién no sirve.
2022
Pasamos del PDF suelto al cuaderno impreso con papel de 100 g y encuadernación que abre plano. El primer título fue el de planificación semanal en dos páginas, pensado para quien trabaja con listas largas y necesita ver la semana entera de un vistazo.
2023
Incorporamos muestras en PDF de cada recurso para que nadie tuviera que fiarse de una descripción. La idea era sencilla: probar una página, ver si encaja con la semana real y solo entonces seguir adelante.
2024
Ordenamos el catálogo por áreas concretas: tiempo en casa y en el trabajo, hábitos de estudio, proyectos personales, bienestar cotidiano y seguimiento. Y fijamos lo que queda fuera: nada de apuestas, contenido erótico, finanzas especulativas ni crédito.
Un recorrido corto, sin épica. Solo decisiones editoriales que fuimos tomando al ver qué funcionaba y qué no en el día a día de quien usa nuestros cuadernos.
Empezamos con una sola pieza: una semana repartida en dos páginas, franjas horarias a la izquierda y espacio libre a la derecha. La probamos durante meses en mesas reales, con listas largas y agendas que se quedaban cortas. Aprendimos que el papel de 100 g y una encuadernación que abre plano cambian por completo la experiencia.
Vimos demasiadas fichas que vendían milagros. Nosotros hicimos lo contrario: indicar formato, nivel de dificultad, tiempo estimado de uso y perfil destinatario. Si una plantilla no encajaba con un opositor, lo decíamos. Ese criterio se convirtió en la base de todo el catálogo.
Antes de decidir, poder hojear. Añadimos muestras en PDF para cada recurso, con la misma honestidad que las fichas. Fue la decisión que más nos agradecieron estudiantes y familias: probar una semana antes de comprometerse con un método.
Dejamos de mezclar temas. Organizamos todo por áreas: tiempo en casa y en el trabajo, hábitos de estudio, proyectos personales, bienestar cotidiano y seguimiento sencillo. Cada área con sus formatos y su público. Menos ruido, más criterio.
Cada recurso nuevo pasa por la misma pregunta: ¿esto ayuda a alguien a ordenar su semana sin complicarse? Si la respuesta no es clara, no entra. El catálogo crece despacio, con cuadernos, plantillas y guías breves que aguantan el uso real.